Resoluciones

Salir de un estado de melancolía debiera ser fácil, aun a fuerza de sim-ple voluntad. Trato de levantarme de la silla, rodeo la mesa, muevo la cabeza y el cabello, hago destellar los ojos y distiendo los músculos. Desafiando mis propios deseos, saludo con entusiasmo a A. cuando vie-ne a visitarme, tolero amablemente a B. en mi habitación, y a pesar del sufrimiento y devoro a grandes bocados todo lo que dice C.
Pero a pesar de todo, con un simple desliz que no hubiera podido evi-tar, destruyo toda mi labor, lo fácil y lo difícil, y me veo preso nueva-mente en el mismo círculo anterior.
Por lo tanto, tal vez sea mejor soportarlo todo con pasividad, compor-tarse como una simple masa, y si uno se siente arrastrado, no dejarse inducir al menor paso innecesario, contemplar a los demás con la mira-da de un animal, no sentir ningún remordimiento en fin, ahogar con una sola mano el fantasma de vida que aún subsista, es decir, aumen-tar en lo posible la postrera calma sepulcral, y no dejar subsistir nada más.
El movimiento característico de este estado consiste en frotar el dedo meñique sobre las cejas.

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