Protejamos Al Ejército

Si la celosa actividad del ministro de Guerra no decrece, dentro de poco habrá fenecido cierta asociación de personas armadas, bien conocida bajo el nombre abreviado de ejército. En efecto, es presumible que, de supresión de abuso en supresión de abuso, por fin no quedará nada. Ya es hora de que los historiadores, los folkloristas y los conser- vadores de monumentos nacionales se preocupen por esa inminente desaparición. Si es de incumbencia de esos funcionarios el velar por la conservación de la parte muerta del ejército -trofeos de victorias o reliquias de derrotas- no menos les corresponde el mantenimiento de la parte viva: la generación bajo banderas, debidamente cobijada en otros locales igualmente dispuestos a ese efecto. De esta manera será salvaguardada, presente y permanente, la noción de militar, indispensable para la felicidad de los hombres, ya que implica la noción de civil. A causa de ella, la mayoría de las familias francesas juzgan incompleta la educación de sus hijos si no los envían, durante un período de uno a tres años, a realizar observaciones personales sobre la existencia del soldado. Vuelven maduros para la vida burguesa y gratificados con el certificado de buena conducta, en el que consta que "han servido a su patria con honor y fidelidad", pero ya no tienen oportunidad de servirla más que durante periodos que no exceden los veintiocho o trece días por vez.

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