El Timonel

¿Acaso no soy timonel? —exclamé.
— ¿Tú? —preguntó un hombre alto y moreno, y se pasó la mano por los ojos, como si disipara un sueño.
Yo había estado al timón en noches oscuras, la débil luz del farol sobre mi cabeza, y ahora había venido aquel hombre y quería apartarme. Y como yo no cediera, me puso el pie en el pecho y me empujó lentamente contra el suelo, mientras yo seguía aferrado al timón y lo arrancaba al caer. Entonces el hombre se apoderó de el, lo puso en su lugar y me dio un empujón, alejándome. Me rehíce de inmediato fui hasta la escotilla que llevaba a la cámara de la tripulación y grité:
— ¡Tripulantes! ¡Camaradas! ¡Venid pronto! ¡Un extaño me ha quitado el timón!
Llegaron lentamente, subiendo por la escalerilla, eran unas formas poderosas, oscilantes, cansadas.
— ¿No soy yo el timonel? —pregunté.
Asintieron, pero sólo tenían miradas para el extraño, a quien rodeaban en semicírculo, y cuando con voz de mando él dijo: "No me molestéis", se reunieron, me observaron asintiendo con la cabeza y bajaron otra vez la escalerilla. ¿Qué pueblo es éste? ¿Piensan también, o sólo se arrastran sin sentido sobre la tierra?

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