Cuarto Cuaderno

Cargando con una responsabilidad demasiado grande, o mejor, con una responsabilidad cualquiera, terminas por aplastarte.
Si se te carga con todas las responsabilidades, puedes aprovechar el momento y dejarte aplastar por su peso; pero si intentas en cambio soportarlo, verás que no cargas nada, que tú mismo eres esas responsabilidades.
Atlas pudo haber pensado que, cuando lo quisiera, no tenía más que dejar caer el globo terrestre e irse; pero no le estaba permitido tener otra idea que esa.
El silencio aparente en el que se suceden los días, las estaciones, las generaciones es como un acechar escuchando; de esa manera trotan los caballos delante del carro.
31 de enero.14 Trabajos de jardinería, callejón sin salida.
Una lucha en la que no tenemos cubiertas las espaldas de ningún modo y en ningún momento. Y si bien se lo sabe, se lo olvida siempre. Y si no se lo olvida, se busca siempre el cobertizo para descansar un poco en la búsqueda, aún sabiendo que nos costará caro.
Io de febrero. Carta de Lenz. 2 de febrero. Carta de Wolff.
4 de febrero. Largo tiempo en cama, insomne, tomo conciencia de la lucha.
En un mundo de mentira, la mentira no es expulsada del mundo ni siquiera por medio de su opuesto, pero sí por medio de un mundo de verdad.
El dolor es el elemento positivo de este mundo, más bien el único vínculo entre este mundo y lo positivo en sí.
5 de febrero. Buena mañana, imposible recordarlo todo.
La destrucción de este mundo sería tarea nuestra sólo si: primero, este mundo fuese malo, es decir, opuesto a nuestro espíritu; segundo, si estuviésemos en condiciones de destruirlo. La primera cosa nos parece precisa, pero la segunda no podemos realizarla. No podemos destruir este mundo porque no lo hemos construido como algo fijo de por sí, sino que nos perdimos dentro. Más aún, este mundo es nuestro extravío, y como tal él es, en sí mismo, una entidad indestructible, o mejor: cualquier cosa se puede destruir con llevarla hasta el fin, sin renuncias, donde cabe advertir, por otra parte, que aun llevarla hasta el fin no puede ser más que consecuencia de la distracción, pero siempre en el ámbito del mundo mismo.
Existen, para nosotros, dos clases de verdades, las representadas por el árbol de la ciencia y por el árbol de la vida. La verdad de quien obra y la verdad de quien descansa. En la primera el bien se distingue del mal, la segunda no es más que el bien mismo, e ignora tanto el bien como el mal. La primera verdad se nos concede realmente, la segunda podemos intuirla tan sólo. Este es el aspecto triste de la cosa. Pero el alegre es que la primera verdad pertenece al instante fugaz, la segunda a la eternidad, por lo que la primera acaba por extinguirse en el fulgor de la segunda.
6 de febrero. Estuve en Flöhau.
7 de febrero. Soldado en piedras, isla de Rügen.
La fatiga no significa necesariamente debilidad de fe, ¿o sí? La fatiga, sea como fuere, significa insaciabilidad. Me siento demasiado estrecho en todo lo que forma parte de mi Yo, hasta la eternidad que soy me resulta demasiado estrecha. Pero si leo un buen libro, por ejemplo la descripción de un viaje, me reanima, me satisface, me sacia. Prueba evidente de que antes no había cerrado todavía ese libro en mi eternidad o que no había llegado todavía a intuir esa eternidad que, necesariamente, comprende aun el libro. -A partir de un cierto grado de iluminación interior deben desaparecer la fatiga, la insaciabilidad, la sensación de angustia, el auto-desprecio, y precisamente en ese punto en que todo lo que antes me restauraba, me satisfacía, me liberaba, me elevaba como una entidad ajena, encuentro en cambio la fuerza de reconocerlo como formando parte de mí mismo.
Pero, ¿y si sólo provenían esos efectos de tu suposición de que aquel objeto te era ajeno, de modo que, por correcta que fuera tu idea, desde ese punto de vista, no ganas nada y pierdes aun el antiguo consuelo? Es cierto que solamente como entidad ajena producía .esa cosa aquellos efectos, pero no sólo aquellos, porque, mientras obraba me ha elevado a este grado más alto. No ha dejado de serme ajena, sino que además ha comenzado sólo a formar parte de mi Yo. —Pero una cosa ajena que se convierte en ti mismo no es más ajena. Vienes de tal modo a negar la creación del mundo y te refutas a ti mismo.
Debería saludar feliz la eternidad, pero cuando la encuentro me siento triste. Debería, pasando por la eternidad, sentirme perfecto, ¿por qué me siento entonces deprimido?
Tú dices: debería… sentirme. ¿Expresas de esa manera un mandamiento que hay en ti?
Precisamente.
Pues bien, no es posible que haya metido en ti un mandamiento de manera que solamente lo sientas, si después no sucede nada en concreto. ¿Es un mandamiento perenne o sólo temporal?
No sabría decirlo, pero me parece que es un mandamiento perenne, pero que sólo siento a intervalos.
¿De qué lo deduces?
Del hecho de que de cierta manera lo siento aun cuando no lo siento: y no ya porque haga perceptible su misma voz, sino porque atenúa o, poco a poco, vuelve dolorosa la voz opuesta, la que quiere quitarme el gusto por la eternidad.
Y, análogamente, ¿percibes también la voz opuesta cuando tu mandamiento interno te exhorta a la eternidad?
Sí, también; a veces me parece hasta percibir solamente la voz opuesta, y que todo lo demás no es más que un sueño en pleno día.
¿Por qué comparas tu mandamiento interior con un sueño? ¿Te parece acaso absurdo, incoherente, inevitable, irrepetible, origen de alegrías o terrores infundados, incomunicable en su totalidad, pero ansioso de ser comunicado, como son precisamente los sueños?
Todo eso: absurdo, porque sólo si no lo obedezco puedo subsistir en esta tierra; incoherente, porque no sé quién es que ordena y a qué está dirigida esa orden; inevitable, porque me toma por sorpresa y de improviso, como los sueños atrapan al que duerme, quien, sin embargo, debía esperar sueños al acostarse. Es irrepetible, o por lo menos lo parece, porque no logro seguirlo, se mezcla con la realidad y conserva justamente así su inmaculada irrepetibilidad; es origen de alegrías y de terrores infundados, si bien más de los segundos que de las primeras; es incomunicable porque es inaferrable, aunque justamente por este motivo quiere ser comunicado.
Cristo, Momento.
8 de febrero. Me levanté enseguida, posibilidad de trabajar.
9 de febrero. Ciertos días sin viento, el barullo de los que llegan, los nuestros que salen a la carrera para saludarlos, se cuelgan estandartes aquí y allá, se corre a la cantina para buscar vino, una rosa cae al empedrado desde una ventana, nadie, nadie tiene paciencia, las barcas, detenidas sin tardanza por cien brazos, tocan la orilla, esos hombres extraños se miran y después suben a la plena luz de la plaza..
¿Por qué son tan difíciles las cosas fáciles? Mis tentaciones…
No hay que ponerse a enumerarlas. Las cosas fáciles son difíciles. Tan fáciles y tan difíciles. Como una cacería, en la que el único lugar donde se puede descansar es un árbol del otro lado del gran océano.
¿Pero por qué emigraron allá? La resaca en la costa es fuertísima, su territorio es tan estrecho y tan invencible. .
Si no hubieses preguntado habrías vuelto a la patria, pero tu pregunta te hará vagar aún por el gran océano. No fueron ellos quienes emigraron, fuiste tú.
La estrechez será siempre para mí una opresión.
Sin embargo, la eternidad no es el detenerse del tiempo.
Lo que nos oprime es la idea que nos hacemos de la eternidad; la incomprensible justificación que el tiempo habrá de sufrir en la eternidad y la consiguiente justificación de nosotros mismos, tal como somos.
10 de febrero. Alboroto. Paz con Ucrania.
Se desvanecen las nieblas de los capitanes y de los artistas, de los amantes y de los ricos, de los políticos y de los gimnastas, de los navegantes y…
Libertad y esclavitud son, en sentido profundo, una sola cosa. ¿En qué sentido profundo? No en el sentido de que el esclavo no pierde su libertad, sino que, desde cierto punto de vista, es más libre que el hombre libre.
La cadena de las generaciones no es la cadena de tu más íntima naturaleza, con todo se les reúne por diversos vínculos. ¿Cuáles? Las generaciones mueren como los instantes de tu vida. ¿Cuál es la diferencia?
Es la broma de siempre: nos aferramos al mundo y después nos quejamos de que el mundo se aferra a nosotros.
De algún modo, niegas la existencia de este mundo. Consideras la existencia como un descanso, un descansar del movimiento.
11 de febrero. Paz con Rusia.
Su casa se libró del incendio general, no porque sea justo, sino porque aquello a lo que tiende es a que su casa no sea tocada.
Quien contempla participa, en cierto sentido de la vida, se pega a la vida, busca guardar el paso con el viento. Es lo que no querría ser.
Vivir significa: estar en medio de la vida; ver la vida con la mirada con la que la he creado.
El mundo se puede considerar bueno sólo desde el lugar en donde se creó, porque sólo allí se dijo: Y esto es bueno… y sólo a partir de aquí podrá ser condenado y destruido.
Siempre listo, su casa es portátil, vive siempre en su patria.
La característica determinante de este mundo es la transitoriedad. Desde este punto de vista, los siglos no le llevan ventaja al instante más fugaz. La continuidad de tal estado transitorio no puede entonces ofrecernos ningún consuelo; que brote nueva vida de las ruinas demuestra menos la constancia de la vida que la de la muerte. Ahora bien, si quiero combatir este mundo, debo combatirlo en su característica más determinante, es decir, en su transitoriedad. ¿Puedo hacerlo en esta vida, y de manera real, por otro medio que no sea la esperanza y la fe?
De manera que quieres combatir el mundo sirviéndote de armas más reales que la esperanza y la fe. Es probable que existan tales armas, pero son reconocibles y utilizables sólo si se dan determinadas premisas. Veamos antes si las posees.
Adelante, pero si no las poseyera podría llegar a adquirirlas.
Cierto, pero no podré servirte de ayuda al respecto.
De modo que sólo puedes ayudarme si cuento ya con esas premisas.
Sí, o mejor dicho: no puedo ayudarte para nada, porque si contaras con esos presupuestos ya tendrías todo.
Si es así, ¿por qué querías examinarme?
Por cierto que no para mostrarte lo que te falta, sino solamente que te falta algo. Podría entonces haberte sido algo útil, ya que sabes, indudablemente, que te falta algo, pero no lo crees.
Es así que a la pregunta que te planteé al principio me ofreces solamente la prueba de que debía hacerte la pregunta.
Te ofrezco algo más, algo que, dada tu condición, no puedes precisar todavía. Te doy la prueba de que debiste haberme planteado la pregunta de otra manera.
Lo que significa que no quieres o no puedes contestarme.
"Contestarte": precisamente.
Y esta fe, tú la puedes dar.
19 de febrero. De vuelta de Praga. Ottla en Zarch.
La noche de luna nos deslumbraba. Los pájaros chillaban de árbol en árbol. Un silbido recorría los campos.
Nos arrastramos por el polvo, una pareja de serpientes.
Intuición y experiencia.
Si la "experiencia" es un apoyarse en lo absoluto, la "intuición" no puede ser sino la vía indirecta hacia lo absoluto, pasando por el mundo. En el fondo, cada cosa tiende al punto de llegada, y éste es uno solo. Pero es posible una tesis conciliadora, si se afirma que tal división tiene lugar solamente en el tiempo, que entonces acontece a cada instante, pero en realidad no se verifica para nada.
El que se preocupa sólo por el futuro es menos previsor que el que se preocupa sólo por el momento que pasa, porque no se preocupa siquiera por el momento mismo, sino sólo por su duración.
La contemplación y la acción tienen su verdad aparente: pero sólo la acción procedente de la contemplación, o mejor que vuelve a ella, es la verdad.
23 de febrero. Carta no escrita.
La mujer, más bien, en términos más precisos el matrimonio, es el representante de la vida con el cual debes hacer cuentas.
Las invenciones nos preceden, como la costa precede al barco agitado continuamente por su máquina. Las invenciones hacen todo lo que es posible hacer. Es injusto decir, por ejemplo, que el aeroplano no vuela como el pájaro o que no seremos jamás capaces de fabricar un pájaro vivo. Es cierto, pero el error está en la objeción; como si pretendiéramos que el barco, si sigue una ruta lineal, arribe constantemente al puerto de partida. Un pájaro no se puede fabricar con un acto de creación, porque ya existe, vive y revive para siempre en virtud del acto original de la creación, y es imposible insertarse en esa serie, que ha sido creada y vive y se propaga gracias a una voluntad original permanente, así como se dice en una vija leyenda, que la primera mujer fue creada sí de la costilla del hombre, pero que eso no ha vuelto a repetirse, empezando desde entonces los hombres a tomar de mujeres a las hijas de otros. Pero no se dice que el método y el fin con que se crean (he aquí lo importante) el pájaro y el aeroplano sean necesariamente distintos, y la explicación de los salvajes, que confunden el disparo de un fusil con el trueno, puede encerrar parte de verdad.
Pruebas de una vida anterior real: ya te había visto antes, y también las maravillas de la edad primordial y del fin del mundo.
25 de febrero. Claridad matutina.
No es haraganería, mala voluntad, necedad (aun si hay algo de todo esto, porque "los insectos nocivos nacen de la nada") lo que me ha hecho fracasar en todas mis cosas: la vida familiar, la amistad, el matrimonio, la profesión, la literatura, si no la falta de terreno bajo los pies, de aire, de leyes. Mi tarea es la de crearlos, no ya para poder recuperar después lo que perdí, si no para no poder acusarme de haber descuidado algo, dado que esta tarea vale tanto como otra. Es, más bien, el primerísimo de todos los deberes, o por lo menos su reflejo, así como, habiendo escalado una altura de aire rarificado, se puede al rato caminar a la luz del sol lejano. Ni, por otra parte, se trata de una tarea excepcional, que más bien ya ha sido asumida más de una vez. No sé aún si en medida tan amplia. De lo que hace falta para vivir no he, por lo que me parece, traído conmigo casi nada, salvo la debilidad humana, como todos. Con ésta —que, bajo tal aspecto, es una fuerza poderosa— he afrontado valientemente cuanto había de negativo en mi tiempo, al que me siento muy próximo, y al que no tengo derecho de combatir, sino, en cierto sentido, de representar. No heredé, en cambio, parte alguna del escaso patrimonio positivo de mi tiempo, o de aquellos pocos tan exasperadamente negativos que se convierten sin más en positivos. No me condujo por la vida la mano del Cristianismo, por otra parte en pesada mengua, como Kierkegaard, ni pude tampoco aferrar el último borde del abrigo de la plegaria hebrea, que ya se iba, como los sionistas. Yo soy principio y fin.
El lo sentía en la sien, como la pared siente la punta del clavo que hay que hundirle. Así que no lo sentía.
Nadie, en esta tierra, produce más que su posibilidad de vida espiritual; no tiene mucha importancia que, según las apariencias, se trabaje para alimentarse, vestirse, etcétera; el hecho es que, con cada bocado visible, se recibe también un bocado invisible, con cada vestido visible, también un vestido invisible y así sucesivamente. Esta es la justificación de cada uno. Se diría que todos los hombres apuntalan sus existencias con justificaciones a posteriori pero no es más que una broma de perspectiva psicológica: en realidad, cada hombre construye su vida sobre sus justificaciones. Cierto que cada cual debe poder justificar la propia vida (o la propia muerte, que es lo mismo): es una tarea de la que no puede sustraerse.
Vemos a cada hombre vivir su vida (o morir su muerte). Sin una justificación interior sería una cosa imposible, porque nadie puede vivir una vida injustificada. De lo que, subvalorando al hombre, podría deducirse que cada uno apuntala con justificaciones la existencia propia.
La psicología es la lectura del revés de una obra, por eso es penosa, y, en lo que hace al resultado (siempre exacto), rica en respuestas, aunque en realidad no logró nunca nada concreto.
Después de la muerte de una persona, se produce, aun en la tierra y por cierto tiempo, un particular silencio benéfico respecto del muerto: ha cesado una fiebre, nuestros ojos no ven ya un largo morir, parece eliminado un error. Parece ofrecerse a los mismos supervivientes una ocasión de recobrar aliento (y es por eso que se abren de par en par las ventanas de la cámara mortuoria). Hasta que todo esto se revela pura apariencia, y entonces comienzan el dolor y las lamentaciones.
El lado cruel de la muerte es que trae consigo el dolor real del fin, pero no el fin mismo.
El lado cruel de la muerte: un fin aparente produce un dolor real.
Las lamentaciones en torno del lecho de muerte son en realidad provocadas por el hecho de que no ha sido una muerte verdadera y propia. Debemos seguir contentándonos siempre con este morir, jugamos siempre este juego.
26 de febrero. Mañana de sol.
La evolución humana: el aumentar de nuestra capacidad de muerte.
Nuestra salvación es la muerte, pero no ésta.
A cada hombre se le plantean, en este mundo, dos preguntas de fe: la primera, acerca de la credibilidad de esta vida, la segunda acerca de la credibilidad de su fin. El simple hecho de la vida de cada uno de nosotros responde a ambas preguntas con "sí" tan fuerte y explícito que podría surgir la duda de si se entendieron debidamente las preguntas. De todas maneras, ahora es necesario que cada uno vaya conquistando de a poco ese "sí" suyo fundamental, ya que, muy por debajo de la superficie, las respuestas, asaltadas por una tempestad de preguntas, son confusas y evasivas.
La no comunicabilidad de la paradoja tal vez existe, pero no se manifiesta como tal, ya que el mismo Abraham no la entiende. Pero él no tiene necesidad de entenderla, y entonces tampoco de interpretarla para sí mismo, pero puede, en cambio, intentar explicarla para los demás. Aun lo universal no es unívoco, en este sentido: verdad que en el caso de Ifigenia se manifiesta por el hecho de que el oráculo no tiene nunca un solo significado.
¿Tranquilidad en lo universal? Equívoco de lo universal. Lo universal entendido a veces como reposo, pero en general como la oscilación "universal" entre lo individual y lo universal. Sólo la tranquilidad es lo universal en sentido propio, pero es también el punto de llegada.
Es como si la oscilación entre lo universal y lo individual se produjera en el verdadero y propio escenario, mientras la vida en general estuviera trazada solamente en segundo plano.
No existe esta evolución, que me cansaría por su absurdo, de la que no tengo más que una mínima culpa. El mundo pasajero no basta para la diligencia de Abraham, que entonces decide emigrar, con él, a la eternidad. Con todo, o la puerta de salida o la de entrada es demasiado estrecha, el hecho es que no logra hacer pasar el carro con los muebles. Y culpa a la debilidad de su propia voz que grita las órdenes. Es el tormento de su vida.
La pobreza espiritual de Abraham y la lentitud de movimientos de esa pobreza suya constituyen una ventaja, en cuanto le facilitan la concentración, o mejor, son de por sí concentración. Pero, de esa manera, él pierde la ventaja del empleo de la fuerza de concentración.
Abraham está enredado en el error siguiente: no puede soportar la uniformidad de este mundo. Pero sabemos muy bien que, en cambio, el mundo es increíblemente variado, cosa que se puede verificar en cualquier momento con solo tomar un puñado de mundo y mirarlo de cerca. Esto, naturalmente, lo sabe hasta Abraham. Su lamentación por la uniformidad es, así, más que otra cosa la lamentación de no sentirse suficientemente amalgamado con la variedad del mundo. En otras palabras, querría un trampolín para saltar del mundo.
En su argumentación se protege una especie de encantamiento. Nos podemos sustraer a una argumentación evadiéndonos al mundo de la magia, a un encantamiento recurriendo al de la lógica, pero uno y otro mundos te aplastan, tanto más que, unidos, dan lugar a un quid tertium: un encantamiento vivo o una destrucción del mundo que, en vez de destruir, edifica.
Tiene demasiado espíritu, viaje con su espíritu, como en un carruaje hechizado sobre la tierra, aun por donde no hay senderos. Y no alcanza a descubrir por sí que no hay senderos. De esa manera, su humilde demanda de un séquito en el camino de la tiranía y su sincera convicción de "estar en el camino verdadero" se hacen soberbia.
La sociedad de los trabajadores sin bienes
Deberes: No poseer ni aceptar dinero u otros valores. Únicas propiedades admitidas: ropa sencilla (a determinarse eventualmente), los objetos necesarios para el trabajo, libros, víveres para consumo propio. Todo lo demás pertenece a los pobres.
Ganar para vivir sólo mediante el trabajo. No eludir ningún trabajo para el que alcancen las fuerzas sin detrimento de la salud. Elegirse el trabajo, o, cuando no fuese posible, someterse al consejo de trabajadores, que dependen del gobierno.
No trabajar por más salario que el sustento propio (que se establecerá de acuerdo con los lugares) de dos días.
Vida extremadamente sobria. Comer solamente lo indispensable; por ejemplo, como paga mínima (que en cierto sentido es también la máxima): pan, agua, dátiles. El alimento de los más pobres, la cama de los más pobres.
Considerar las relaciones con quien suministra trabajo como basadas sobre la confianza, no pretender nunca el apoyo de los tribunales. Llevar a término todo trabajo iniciado, a toda costa, a menos que se opongan motivos graves de salud.
Derechos: Jornada laboral de seis horas como máximo; para trabajos físicos, de cuatro o cinco horas.
En caso de enfermedad o de vejez, atención en asilos y hospitales estatales.
La vida de trabajo como hecho de conciencia, de fe en el prójimo.
Dar al Estado todo lo que se poseía, para que lo destine a la construcción de hospitales, asilos.
Al principio, por lo menos, estarán excluidos quienes gozan de independencia económica, los casados y las mujeres.
El consejo (grave deber) tratará con el gobierno.
Aun en las empresas capitalistas (dos palabras ilegibles).
Donde se pueda ser de ayuda, en zonas abandonadas, en los asilos de pobres, prestarse a hacer de maestros.
Quinientos hombres como máximo.
Un año de prueba.
Todo contribuía a favorecer la construcción. Obreros desconocidos acarreaban bloques de mármol, ya cortados en escuadra y adaptados entre sí. Las piedras se levantaban y se ubicaban obedeciendo a los calculados movimientos de sus dedos. Ningún edificio se levantó nunca con la facilidad de aquel templo, o mejor aquel templo se levantó como deben verdaderamente levantarse los templos. Solo que en cada piedra -¿de qué cantera provenían?— estaban las torpes marcas de inconcientes manos infantiles, o, más probablemente, los caracteres de alguna bárbara tribu montañesa, que las habían raspado con instrumentos por cierto que bastante afilados (¿malignidad o sacrilegio o vaticinio de destrucción total?) para una eternidad que habría de sobrevivir al templo mismo.
Por el arroyo encuentro el agua fugitiva. Arbustos y cañas. La voz alada del maestro. Murmullos de criaturas. El sol que se desvanece bermejo, que se abandona, estremeciendo. La tapa del hornillo se cierra secamente. Se prepara café. Apoyados sobre la mesa esperamos sentados. A un lado del camino, algunos árboles delgados. Marzo. ¿Qué más quieres? Salimos de las tumbas y queremos cruzar también este mundo, sin un plano preciso.
¿Quieres alejarte de mí? Es una decisión como cualquier otra. ¿Pero adonde quieres ir? ¿Adonde va a dar esta fuga tuya de mí? ¿A la luna? Ni siquiera allí, adonde, por lo demás, no puedes llegar. ¿Y entonces por qué todo esto? ¿No prefieres sentarte en un rincón y quedarte tranquilo? ¿No sería acaso mejor? ¿Allí en ese rincón tibio y oscuro? ¿No me escuchas? Buscas a tientas la puerta. Sí, ¿pero dónde está la puerta? Por lo que recuerdo no estuvo nunca aquí dentro. ¿Quién pensaba entonces, cuando se construyó este interior, que habrías de llegar a concebir propósitos tan revolucionarios? Sea como fuere, no se ha perdido nada, una idea así no se pierde, hablaremos de ello en la mesa, y las risotadas de los comensales serán tu recompensa.
Sale la pálida luna mientras cabalgamos por el bosque.
Neptuno se hartó de sus mares. Se le cayó el tridente. Fue a sentarse, mudo, en una costa rocosa, y una gaviota asombrada por su presencia describió círculos ondulantes en torno de su cabeza.
El carruaje se va rodando como una furia.
¿Qué pueden estar preparándonos?
Cama y colchón bajo los árboles,
verde oscuridad, verdor seco,
poco sol, olor húmedo.
¿Qué pueden estar preparándonos?
¿Adonde nos impulsa el deseo?
¿Obtener esto, perder aquello?
Insensatos, bebemos la ceniza
y ahogamos a nuestro padre.
¿Adonde nos impulsa el deseo?
¿Adonde nos impulsa el deseo?
Nos impulsa fuera de casa.
El reclamo de la flauta, el reclamo del fresco arroyo
Aquello que te había parecido paciente
murmuró entre las hojas del árbol
y el amo del jardín habló.
Si busco, en sus runas,
sondear este inconstante espectáculo,
palabra y úlcera…
El conde estaba sentado almorzando, era un tranquilo mediodía de verano. Se abrió la puerta, pero no fue para dejar pasar al servidor, sino a fray Pilotas.
—Hermano —dijo el conde, y se puso de pie—, vuelvo a verte, después de tanto tiempo de no volver a verte en sueños.
Una parte de la puerta vidriera, que daba a la terraza, se rompió en montón de pedazos y un pájaro, pardo-rojizo como una perdiz, pero más grande y de pico largo, entró volando.
- Espera, lo cojo enseguida -dijo el fraile, levantó con una mano el borde del hábito y con la otra procuró atrapar el pájaro.
En eso entró el servidor con un plato lleno de bellísimas frutas, que el ave, volando a su alrededor en pequeños círculos, comenzó tranquila pero fuertemente a picotear.
El servidor, como paralizado, sujetó con fuerza el cuenco, mirando, no particularmente asombrado, frutas, pájaro, y al fraile que seguía tratándole darle caza. Se abrió la otra puerta y entraron algunos habitantes del pueblo con una petición, en la que solicitaban el libre uso de un sendero del bosque que necesitaban para atender mejor sus campos. Pero llegaron en mal momento, porque el conde era entonces un escolar, estaba sentado en un escabel y aprendía sus lecciones. El viejo conde estaba, ciertamente, muerto ya, de manera que debía haber gobernado aquel joven, pero había sucedido de otra manera, se había insertado una pausa en la historia y la comisión cayó, por tanto, en el vacío. ¿En qué acabará? ¿Volverá atrás? ¿Se dará cuenta a tiempo de cómo están las cosas? El maestro, que formaba también parte del grupo, se ha apartado ya y se ocupa de la educación del pequeño conde. Con una vara arroja de la mesa todo lo que había, la para, como un pizarrón, con la tabla hacia adelante y le escribe con tiza el número 1.
Bebíamos, el diván se nos hizo demasiado estrecho, las agujas del reloj de pared seguían girando ininterrumpidamente. El criado se asomó a la puerta, nosotros lo saludamos agitando las manos. Pero a él lo atrajo una figura sentada en el sofá junto a la ventana. Era un viejo, vestido con un negro traje tenue lustroso como la seda, que se levantó despacio, mientras sus dedos seguían jugueteando en los apoyabrazos.
—Padre - exclamó el hijo.
- Emil - dijo el viejo.
El camino que llega al prójimo es, para mí, larguísimo. Praga. Las religiones se pierden como los hombres.
Pequeña alma,
brinca en el baile,
pones la cabeza en el aire tibio,
levantas los pies de la hierba resplandeciente,
que el viento mueve en un dulce meneo.

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