Consideraciones Acerca Del Pecado

EL DOLOR, LA ESPERANZA Y EL CAMINO VERDADERO

1. El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar que para que se siga su rumbo.
2. Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado al derredor de una realidad artificial.
3. Dos pecados capitales existen en el hombre, de los cuales se engendran todos los demás: impaciencia e indolencia. Fue a causa de la impaciencia que lo han expulsado del paraíso, al que no puede volver por culpa de la indolencia. Aunque quizá no existe más que un sólo pecado capital: la impaciencia. La impaciencia hizo que lo expulsaran, es con motivo de la impaciencia que no regresa.
4. Muchos espectros de cadáveres no hacen más que lamer las ondas del río de los muertos, porque llega de nuestro mundo y retiene el gusto salobre de nuestros mares. Entonces, el río, detenido por el asco, se pone a correr hacia atrás y empuja a los muertos de vuelta a la vida. Más ellos están felices, entonan himnos de gratitud y acarician las aguas perturbadas.
5. A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar.
6. En transcurso se halla siempre el instante decisivo de la evolución humana. Por eso no carecen de razón aquellos movimientos espirituales revolucionarios que denuncian como poco significativo todo lo anterior, ya que, en efecto, aún no ha ocurrido nada.
7. La incitación a la lucha es uno de los medios de seducción más eficaces del mal.
8. Es como la disputa con las mujeres, que termina en la cama.
9. A. es harto presumido: se considera muy aventajado en el bien, porque, siendo evidentemente un sujeto seductor, se siente expuesto a tentaciones cada vez más numerosas, nacidas de orígenes hasta ahora desconocidos para él.
10. Pero la interpretación correcta es esta: se ha aposentado en él un demonio grande, y una infinidad de demonios pequeños son siervos de ese grande.
11/12. Diferencia de las opiniones que se pueden tener (por ejemplo) sobre una manzana. La del niño pequeño, que debe extender el cuello para apenas verla sobre la mesa, y la del dueño de casa, que coge la manzana y la ofrece libremente a los comensales.
13. El deseo de la muerte es uno de los primeros indicios que empezamos a discernir. Esta vida nos parece intolerable, la otra inaccesible. Ya no se siente vergüenza de querer morir; se implora desde la vieja celda que se odia, ser trasladado a otra nueva, que tendremos todavía que aprender a odiar. Se da en esto también un poquitillo de fe, en que durante el traslado, el Señor aparezca por el pasillo, observe a la cara al prisionero y diga: "A este no debéis encerrarle más. Que venga a mí."
14. Si tuvieses toda la buena voluntad de avanzar y, no obstante fueras hacia atrás, tu situación sería desesperada en caso de que caminaras por una llanura; pero dado que trepas por una pendiente tortuosa, tan áspera como te muestras tu mismo a quien te observa desde abajo, tus retrocesos se pueden atribuir a la conformación del suelo y por lo tanto no debes desesperar.
15. Como un camino de otoño: no se alcanza a barrerlo, que ya está de nuevo todo cubierto de hojas marchitas.
16. Una jaula fue en busca de un pájaro.
17. Nunca había estado en este lugar: se respira de otra manera, a su lado una estrella fulgura con más resplandor que el sol.
18. Si hubiera sido posible construir la Torre de Babel sin escalarla, se lo habría permitido.
19. No consentir que el mal te haga pretender que puedes guardar secretos ante él.
20. Los leopardos irrumpen en el templo y beben hasta la última gota de los cálices del sacrificio; esto acontece repetidamente; al cabo se prevé que acontecerá y se incorpora a la ceremonia del templo.
21. Con vigor, la mano sostiene la piedra. Pero la sostiene con tanto vigor sólo para poder arrojarla más lejos. Pero el camino conduce aún a esa lejanía.
22. El deber escolar eres tú. No se ve un alumno por ninguna parte.
23. De tu verdadero adversario te llega un valor sin límites.
24. Entender que fortuna es para ti, que el espacio en el cual estás erguido no pueda ser más amplio que el suelo abarcado por tus pies.
25. ¿Cómo podemos regocijarnos del mundo salvo cuando nos refugiamos en él?
26. Los refugios son numerosos, la salvación es una sola, pero las probabilidades de salvación tornan a ser tantas como los refugios.
Hay un sitio de partida pero ningún camino; aquello que llamamos camino no es más que nuestra incertidumbre.
27. Realizar los preceptos negativos es aun una carga que se nos ha impuesto; acatar los positivos es ya una virtud.
28. Una vez escogido el mal, éste no pretende más que creamos en él.
29. Las intenciones con las que en ti adoptas el mal, no son tuyas sino del mal. El animal arranca el látigo de manos del amo y se castiga a sí mismo para convertirse en amo de sí mismo y no comprende que no es más que una ilusión producida por un nuevo nudo de la correa del látigo del amo.
30. Desalentador es el bien, considerado de alguna forma.
31. El autocontrol no me convence. Autocontrol quiere decir: resolver actuar en algún momento casual de los infinitos resplandores de mi existencia espiritual. Pero si es preciso que me estreche en un cerco así, prefiero hacerlo mansamente, reduciéndome a contemplar, con admiración, ese enorme conjunto de energías, y quedarme nada más que con la sensación de fuerza que, de contrario, otorga tal representación.
32. Los cuervos afirman que un solo cuervo podría destruir los cielos.
Incuestionable es la cosa, pero no prueba nada contra el cielo, porque cielo significa precisamente la imposibilidad de los cuervos.
33. Los mártires no desdeñan el cuerpo, más bien permiten que se los eleve en la cruz. En esa cuestión coinciden con sus enemigos.
34. Su desfallecimiento es el del gladiador después de la lucha, su faena consistía en cubrir de blanco el rincón de la habitación de un dependiente.
35. El poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia.
36. En un tiempo no podía comprender porque no recibía respuesta a mi pregunta, hoy no puedo comprender como pude estar engañado hasta el extremo de preguntar. Pero no es que me engañase, preguntaba solamente.
37. Sólo temblor y palpitación fue su respuesta a la afirmación de que tal vez poseía pero no era.
38. La facilidad con la que recorría el camino de la eternidad era un sorpresa para cierto individuo; en efecto, corría cuesta abajo.
39a. Al mal no se lo puede pagar a plazos, no obstante lo intentamos permanentemente.
Es lícito pensar que Alejandro Magno, no obstante los triunfos militares de su juventud, no obstante el óptimo ejército que había adiestrado, no obstante la energía empleada a transformar el mundo que llevaba dentro de sí, se haya detenido en el Helesponto con la tentación de no atravesarlo nunca, y no por temor ni por indecisión ni por debilidad de la voluntad, sino abrumado por su mismo peso terreno.
39b. El camino es interminable, no es posible quitarle ni agregarle nada, no obstante, cada uno quiere emplear su propia regla infantil. "Sí, esta otra medida también debéis recorrerla, os dará prestigio."
40. Lo que nos hace limar con el nombre de juicio final al juicio universal, es sólo nuestra concepción del tiempo; en realidad se trata de un juicio sumario.
41. Por fortuna, la incoherencia del mundo parece ser de índole solamente cuantitativa.
42. Reclinar sobre el pecho la cabeza repleta de odio y repugnancia.
43. Los perros de presa juegan en el patio, pero es seguro que la caza no se les escapará, por más veloz que huya por el bosque.
44. Te has ataviado de manera ridícula para este mundo.
45. Cuantos más caballos alistes, más presto harás: no ya para sacar el peñasco de su base, cosa imposible, sino para romper las bridas, iniciando así un necio peregrinar alegre.
46. El vocablo sein significa en alemán dos cosas: ser y pertenecerle.
47. Se les ofreció escoger entre ser reyes o mensajeros de los reyes. Como verdaderos niños, todos eligieron ser mensajeros, los que van al galope por el mundo, y como no hay rey alguno, se pregonan unos a otros sus mensajes, que ya carecen de sentido. Con alivio pondrían fin a su vida miserable, pero prefieren no hacerlo debido al juramento contraído.
48. Creer en el progreso no significa creer que haya habido ya un progreso. Eso sería una fe.
49. A. es un virtuoso y pone al cielo por testigo.
50. El hombre no podría vivir sin una confianza permanentemente en algo indestructible en él, cosa que no excluye que esta confianza o ese elemento indestructible, puedan quedar permanentemente ocultos para él. Uno de los modos en que puede manifestarse este misterio es la fe en un Dios personal.
51. Fue necesaria la intercesión de la serpiente: el mal puede dominar al hombre pero no hacerse hombre.
52. Procura cooperar con el mundo en la lucha entre ti y el mundo.
53. No hay que engañar a nadie, ni siquiera al mundo de su triunfo.
54. No existe más que el dominio espiritual; aquello que denominamos dominio de los sentidos no es más que el dominio del espíritu, y lo que calificamos de malo no es otra cosa que la necesidad de un breve instante en el curso de nuestra eterna evolución.
Se puede desintegrar al mundo con una luz demasiado fuerte. Ante ojos delicados adquiere consistencia, ante ojos aun más delicados adquiere puños duros, se hace pudorosa ante ojos delicadísimos y deshace a quien se atreve a mirarla.
55. Todo es falso: poseer el mínimo de ilusiones, quedarse en el término medio, procurar el máximo. En el primer caso se engaña al bien pretendiendo hacer la conquista en forma demasiado fácil, y al mal, al que se le propone condiciones de lucha demasiado desfavorables. En el segundo caso se engaña al bien porque se demuestra no aspirar a él aunque fuera en este mundo. En el tercer caso se engaña al bien distanciándose lo más posible, y al mal la esperanza de tornarlo inocuo al exaltarlo demasiado. De manera que habría que preferir el segundo caso, porque al bien se lo engaña siempre, y al mal, en este caso, no, por lo menos aparentemente.
56. Hay problemas que no podríamos resolver si de entrada la naturaleza misma no nos hubiera librado de ellos.
57. Para todo aquello que va más allá del mundo de los sentidos, no podemos acudir al lenguaje más que en forma puramente alusiva, ni aun aproximadamente comparativa, dado que, como conviene al mundo sensible, no trata más que del poseer y de sus analogías.
58. Mentimos lo menos que podemos solamente cuando mentimos lo menos que podemos, no cuando tenemos poquísimas oportunidades.
59. Un peldaño que no esté profundamente corroído por los pasos no es más, desde su propia perspectiva, que algo de madera más bien lamentable.
60. Aquel que renuncia al mundo debe amar a todos los hombres, porque renuncia también al mundo de ellos. De tal modo que comienza a vislumbrar la verdadera naturaleza humana, que no se puede sino amar, a condición de poseer su misma dignidad.
61. El que en el mundo ama a su semejante, comete la misma injusticia del que en el mundo se ama a sí mismo. Sólo queda por preguntarse si la primera cosa es factible.
62. La cuestión de que exista solamente el mundo del espíritu nos niega la esperanza pero nos da la certeza.
63. Nuestro arte es un estar deslumbrado por la verdad: Sólo la luz proyectada sobre una mueca de espanto que retrocede es verdadera, nada más.
64/65. La expulsión del Edén es, en lo esencial, un hecho permanente. Quiero decir que la expulsión del Edén es definitiva, pero la eternidad del suceso, (o por decirlo en palabras temporales: la eterna repetición del suceso) hace posible no sólo el poder permanecer para siempre en el Edén, sino el quedarnos efectivamente y siempre, se advierta o no se advierta, en esta tierra.
66. Es un libre e indudable habitante de la tierra, porque está unido a una cadena suficientemente larga como para permitirle alcanzar cualquier lugar terrestre, pero no tanto como para que algo pueda arrastrarlo más allá de los límites de la tierra. Pero es, al mismo tiempo, un libre e indudable habitante del cielo, porque está unido igualmente a una análoga cadena celestial. Ahora bien, si quiere descender a la tierra, lo estrangula el collar del cielo, si quiere ascender al cielo, lo estrangula el collar de la tierra. No obstante tiene a su gusto todas las posibilidades, y lo percibe; más bien se niega a atribuir la culpa de todo ello a un error cometido al encadenarlo de tal modo.
67. Como un patinador principiante, que además se ejercita dónde está prohibido, va tras los acontecimientos.
68. ¡Qué es más alegre que la fe en un Dios familiar!
69. Existe teóricamente una posibilidad de ser felices de manera absoluta: creer en lo imperecedero de uno y no buscarlo.
70/71. Lo indestructible es único. Cada uno de los hombres lo es y al mismo tiempo es algo común a todos. He ahí el origen de la incomparable e indivisible unión que liga a los hombres.
72. En el mismo hombre hay conocimientos que, a pesar de su gran variedad, tienen no obstante el mismo objeto, de lo que es posible deducir que en un mismo hombre existen sujetos diversos.
73. Come las sobras de su propia mesa. Es verdad que de esa manera está, por un tiempo, más satisfecho que los demás, pero, entretanto, se deshabitúa a comer a la mesa; y así con el correr del tiempo, habrá hasta menos sobras.
74. Si era destructible aquello que se dice fue destruido en el Edén terreno, no se trataba por cierto de lo esencial; pero si era indestructible vivimos en una fe equivocada.
75. En arreglo con la humanidad, examínate. Ella hace dudar al que es escéptico, hace creer al que es creyente.
76. Este sentimiento: "Aquí no echaré el ancla" ¡Es hallarte de pronto en medio de la corriente que, fluctuante, te arrastra!
Un desorden. Cómo en acecho, tímida, esperanzada, la respuesta explora la pregunta, busca desesperada en su rostro inaccesible, la sigue por los senderos más absurdos, es decir más alejados de la respuesta misma.
77. El comercio con los hombres nos impulsa a observarnos a nosotros mismos.
78. El espíritu se libera sólo cuando deja de ser un apoyo.
79. El amor sensual consigue hacernos olvidar el celestial. No podrá hacerlo sólo pero lo consigue porque tiene el elemento del amor celestial en sus instintos.
80. Indivisible es la verdad. Por lo que no puede reconocerse por sí misma; para reconocerla hay que ser mentira.
81. Nadie puede desear aquello que, en última instancia, lo perjudica. Si las apariencias pudieran inducirnos a pensar lo contrario de alguien (y las apariencias tal vez justifiquen hacernos pensar), es porque alguien en el hombre pretende alguna cosa útil, sí, para este alguien, pero que perjudica gravemente a un segundo alguien, cuyo parecer al respecto no es requerido más que en parte. Si el hombre se hubiese puesto de parte de aquel segundo alguien desde el principio y no únicamente en el momento de las consideraciones, se hubiera extinguido el primer alguien y con él, el deseo.
82. ¿Por qué nos lamentamos a causa del pecado original? No fue por su culpa que se nos ha expulsado del paraíso terrenal, sino por causa del árbol de la vida con el objeto de que no comiésemos sus frutos.
83. No sólo por haber probado del árbol de la ciencia, somos pecadores. Sino también por no haber probado aún del árbol de la vida. Independientemente de toda culpa, la condición en que nos hallamos es pecaminosa.
84. El edén estaba destinado a servirnos, fuimos creados para vivir en él. Nuestro propósito ha cambiado; pero nadie dijo nunca que haya cambiado el propósito del edén.
85. El determinados puntos de transición el mal es una irradiación de la conciencia humana. Las apariencias no son exactamente el mundo sensible, sino el mal en él comprendido que, no obstante, a nuestros ojos, lo constituye por entero.
86. Casi todos tenemos la misma facultad de distinguir el bien y el mal a partir del pecado original en adelante; no obstante es exactamente en ello que basamos nuestra superioridad. Pero las verdaderas diferencias se inician más allá de este poder distinguir. Las apariencias opuestas se hallan compuestas por lo siguiente: que nadie debe complacerse sólo por el conocimiento sino que debe de obrar de acuerdo con éste. No obstante, la fuerza para cumplirlo no le ha sido dada, por eso cada uno debe destruirse a sí mismo, inclusive a riesgo de alcanzar aun así la fuerza necesaria, pero no le queda más que esta última tentativa. (Igualmente es este el sentido de la condena a muerte relacionada con la prohibición de comer del árbol de la ciencia; y es igualmente este, quizá, el sentido original de la muerte natural). El hombre tiene miedo de esta tentativa; prefiere más bien suprimir su propio conocimiento del bien y del mal; (la palabra "caída" referida al pecado original alude a tal miedo) pero lo acaecido no se puede borrar, se puede, cuando mucho, perturbar. Es con esta finalidad que nacen los justificativos. El mundo está repleto de ellos: mejor dicho, todo el mundo perceptible no es quizá más que un justificativo, un pretexto del hombre que quiere descansar un instante, una tentativa de falsear la realidad del conocimiento adquirido, de transformarla en meta todavía por alcanzar.
87. Una leve y pesada como cuchilla de guillotina.
88. La muerte está ante nosotros como en el aula de una escuela el cuadro de una batalla de Alejandro Magno. Lo fundamental es desvanecer o borrar ese cuadro, todavía en esta vida, mediante nuestras acciones.
89. La voluntad del hombre es exactamente de tres clases: En primer lugar era libre cuando quiso esta vida; ahora ya no puede retractarse, pues ya no es aquel que entonces la quiso, a no ser que desarrolle su deseo de entonces mientras que viva.
En segundo lugar es libre en tanto que puede elegir la manera de andar y el camino de esta vida. En tercer lugar es libre en tanto que él como aquel que volverá a ser otra vez, tiene el deseo de andar por la vida bajo cualquier condición y de esta manera ser él, si bien por un camino elegible, pero en todo caso tan laberíntico que no deja sin torcer ni el más mínimo aspecto de esta vida.
Estas son las tres clases de libre voluntad, pero también es, pues simultánea, una uniformidad y es en el fondo tan uniformidad que no hay sitio para un deseo, ni libre ni esclavo.
90. Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. La segunda es solución, por lo tanto éxtasis; la primera comenzar por lo tanto a actuar.
91. Para evitar un error de expresión: lo que se deshace se deshace pero no se lo puede destruir; aquello que hace falta destruir muy activamente hay que tenerlo antes muy oprimido.
92. La primera forma de idolatría fue con certeza el miedo ante las cosas, pero junto con esto, miedo ante la necesidad de las cosas y miedo ante la responsabilidad por las cosas. Tan enorme parecía esta responsabilidad que no se osaba cargar con ella a ningún Ente extrahumano, pues también mediante la intercesión de un solo Ente todavía no habría sido suficientemente aligerada la responsabilidad humana; el contacto con un sólo Ente estaría todavía muy comprometido de responsabilidad, por ello que se atribuyó a cada cosa la responsabilidad de sí misma; más aún, se atribuyó a esas cosas una cierta responsabilidad concerniente al hombre mismo.
93. ¡Por última vez psicología!
94. Dos afanes para quien comienza la vida: restringe cada vez más tu ámbito y controla incesantemente que no te ocultes, por casualidad, en algún lugar más allá de tus límites.
95. El mal está a veces en tu mano como un instrumento; lo hayas reconocido o no, si quieres puedes dejarlo a un lado sin que se oponga.
96. No son suyas las alegrías de esta vida, sino nuestro miedo de elevarnos a una vida superior; no son suyos los tormentos de esta vida, sino, por causa de aquel miedo, los tormentos que nos infligimos nosotros mismos.
97. El dolor es dolor solamente en esta tierra. No en el sentido de que quienes sufren en este mundo deban ser exaltados en otra parte en premio de sus penas, sino en el sentido de lo que en esta vida se llama dolor, en otra, aun permaneciendo inmutable y libertado solamente de su contrario, se transforme en beatitud.
98. Resultado de la combinación llevada a extremos, de creación agotadora y conciencia de sí es la idea de la grandeza y la fortuna infinitas del cosmos.
99. Mucho más opresiva que la implacable certeza de nuestra condición actual de pecadores, es la certeza aun más endeble, de la rendición de cuentas que un día nos corresponderá hacer de nuestra existencia terrena. Sólo la fuerza con la que soportamos esta segunda certeza, que, en su integridad absoluta, contiene plenamente aun la primera, señala la medida de nuestra fe.
Muchos suponen que junto al gran tema general, hay en cada caso, creado especialmente para ellos, un pequeño tema particular, por el cual por ejemplo, la actriz, destinada a su amante, incluye también una sonrisa particularmente picara para un cierto espectador de la tertulia. Eso se dice ir demasiado lejos.
100. De diabólico no hay más qué lo que aparece de vez en cuando. Puede haber un conocimiento pero no una fe en lo diabólico.
101. El pecado se aparece siempre claramente y puede ser inmediatamente percibido por los sentidos. No hay necesidad de extirparlo porque crece sobre sus mismas raíces al descubierto.
102. Todos los sufrimientos de los demás debemos padecerlos también nosotros. No tenemos un mismo cuerpo, pero tenemos un único desarrollo, y esto nos hace pasar por todos los sufrimientos de uno u otro modo. Así como el niño se desarrolla a través de todas las edades de la vida hasta la vejez y la muerte (y cada uno de los periodos parece inalcanzable para el anterior tanto por el deseo como por el temor) asimismo nos desarrollamos (ligados a la humanidad no menos profundamente que a nosotros mismos) a través de todos los sufrimientos de este mundo. No hay sitio en tal conjunto para la justicia, pero tampoco para el temor del padecimiento o para una interpretación que haga de él una virtud.
103. Puedes permanecer alejado de los sufrimientos del mundo, eres libre de hacerlo y corresponde a tu naturaleza, pero es probable que esa abstinencia tuya fuese el único sufrimiento que podrías evitar.
105. El medio de seducción de este mundo y, al mismo tiempo, la señal que nos garantiza que este mundo no es más que tránsito, son iguales. Y con razón, porque sólo así puede seducirnos este mundo, es decir, con la verdad. Pero lo peor es que después de obtenida la seducción nos olvidamos de la garantía, por lo que cabe decir que el bien nos ha atraído al mal, la mirada de la mujer dentro de su lecho.
106. La humildad otorga a todos, aun al solitario desesperado, un íntimo contacto con los demás hombres, y lo otorga de inmediato, a condición por supuesto de que la humildad sea total y consecuente. Nuestros contactos con el prójimo son los de la plegaria, nuestros contactos con nosotros mismos son los de la acción; de la plegaria adquirimos la energía necesaria para la acción.
¿Hay algo que puedas conocer que no sea ilusión? Si una ilusión se disipara no debes mirar o te convertirías en estatua de sal.
107. Con A. son todos muy cordiales, más o menos como cuando se trata de impedir que un billar óptimo sea usado aún por jugadores eximios hasta la llegada del campeón, quien examina atentamente el paño verde, al principio no tolera el más mínimo defecto, y después cuando se pone a jugar acomete sin ningún miramiento.
108. Observación convertida en familiar por una cantidad de antiguos relatos, si bien es probable que no se encuentre en ninguno de ellos: "Después de lo cual volvió a sus ocupaciones como si no hubiera pasado nada."
109. "No se nos puede acusar de falta de fe. Un valor de fe inagotable tiene el simple hecho de que vivimos." "¿Consistirá en eso la prueba de la fe? Pero no-vivir no se puede." "En ese no se puede está precisamente la fuerza demencial de la fe; es en esta negación que adquiere forma."
No es necesario que salgas de casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.

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